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¿Triste o Deprimido? Algunas claves para entender la depresión

“Si me preguntase a mí mismo qué mal tengo,
no sabría responderme, por mucho tiempo que lo pensase”.
Lope de Vega

¿Quién no se ha sentido profundamente triste sin razón? ¿O con ganas de llorar? ¿Quién no ha sentido alguna vez que la tarea más simple supone un gran esfuerzo, que las diversiones habituales no resultan atractivas, que reunirse con amigos puede ser desagradable y levantarse por las mañanas es el momento más amargo del día?

Cansancio, insomnio, falta de apetito, mirarnos al espejo y no encontrarnos ni una gracia, que los pensamientos más negros nos invaden, que nos duele el cuerpo sin ninguna enfermedad que lo explique…

Afortunadamente, estas sensaciones no están presentes en la mayoría de las personas, sólo un 4,4% de la población mundial presenta una depresión como enfermedad, al menos según los datos estadísticos estimados por la Organización Mundial de la Salud. 

Entonces es necesario diferenciar entre depresión y tristeza.

Depresión: una enfermedad grave

Experimentar una gran tristeza, no poder contener el llanto ante cualquier circunstancia, por tonta que parezca; despertar muy temprano en la madrugada y tener gran dificultad para salir de la cama y emprender las rutinas del día… Quizás las horas de la tarde pueden ser un poco más llevaderas.

Sentir un cansancio abrumador, que hasta el baño diario puede ser una empresa titánica. La desmotivación está presente ante cualquier actividad, el rendimiento en el trabajo suele bajar e incluso leer una página de un libro puede resultar muy difícil.

El enfermo suele experimentar un profundo dolor, como si tuviera un duelo muy grande, pero no encuentra una razón para sentirse de esa forma. Sólo sabe que es como una sombra que se ha ido apoderando de él, muy lentamente y lo ha invadido llevándolo a la más profunda desesperanza.

Las alteraciones del pensamiento resultan siempre lo más complejo. La melancolía invade a la persona de tal forma que no encuentra salida alguna, y la única solución, muchas veces, es desaparecer, terminar con el dolor que le abruma. Éste es el mayor riesgo de la depresión, de ahí su gravedad.

¿Qué hacemos cuando alguien tiene depresión?

Si bien la mayoría de las veces muchos de los síntomas están presentes, no siempre es así. Lo importante es detectar la enfermedad antes de que se instale y sea más difícil ayudar.

Habitualmente, la persona suele aislarse más que de costumbre, está más silencioso y pensativo, irritable, poco tolerante, desarreglado, inapetente. El problema es que en estos casos, la familia o quienes lo rodean suelen abrumarlo con preguntas (nunca con mala intención), lo que lo hunde más en la pena, porque ni el propio enfermo puede explicarse lo que le pasa.

La primera recomendación es la observación paciente: es decir, acompañemos en silencio a la persona que sufre depresión sin agobiarla con preguntas. Menos aún frases como: “debes poner de tu parte”, “¿qué te pasa?, pero ¡si no te falta nada!”, “la depresión es cosa de ricos”, “¡cómo se vé que no tienes reales problemas, que te los inventas!”

Mucho menos recomendar “unas vacaciones”, un viaje largo, renunciar al trabajo, divorciarse, vender la casa que tanto le abruma, o tomar otras decisiones que en ese momento de oscuridad, la persona deprimida no podrá juzgar de forma adecuada y probablemente, luego se arrepienta.

Lo adecuado es consultar un especialista, acompañar al enfermo para que sea evaluado y se indique el tratamiento que corresponde. Y luego, asegurarse de que recibe los medicamentos y asiste a su psicoterapia de forma regular. 

Muy importante: ¡Nunca le dejemos solo!

Recordemos que en la Depresión, el enfermo no puede encontrar una razón que explique semejante tristeza, de ahí la gravedad del cuadro que presenta.

¿Está el deprimido condenado a vivir triste?

¡No! Muchas personas sufren un único episodio depresivo en el transcurso de la vida, y con un buen tratamiento farmacológico y acompañamiento psicoterapéutico puede no volver a pasar por ese trance nunca más.

La mayoría de las enfermedades psiquiátricas, incluso las graves, se presentan en forma de crisis y generalmente mejoran en pocos meses, aún sin tratamiento. Entonces ¿para qué las pastillas? La idea de las terapias médicas es aliviar el dolor del paciente y de la familia, y si bien, en el caso de las enfermedades mentales no hay dolor físico, el dolor espiritual y psicológico puede llegar a ser insoportable. Nadie se imagina a sí mismo, con un hueso roto, aguantando el dolor mientras sana sin tratamiento ¿o si?.

La idea del tratamiento integral de la depresión es evitar que se presenten nuevas crisis y la persona logre mejorar su calidad de vida. Que conozca su enfermedad, advierta los primeros síntomas si vuelven a presentarse y logre abortar un nuevo episodio depresivo.

Entonces, ¿Qué es la tristeza?

Ya aquí cambian las cosas, todos hemos pasado momentos tristes en la vida, y con frecuencia más de una vez. Seguramente el insomnio, el desánimo, la inapetencia y los pensamientos oscuros nos han abordado, obligándonos a quedarnos aislados en casa y acompañados por una gran ansiedad.

Cuando perdemos un ser querido, un trabajo soñado, fracasamos en un proyecto en el que hemos puesto toda nuestra energía o perdemos una relación estable de muchos años y seguidamente aparecen síntomas, entonces hablamos de tristeza. 

Tenemos una razón para la tristeza, hay un desencadenante claro que explique las lágrimas, el desánimo y la desesperanza.

En estos casos, no podemos hablar de Depresión, no es una enfermedad, es una respuesta normal a una situación de pérdida. En estos casos es importante echar mano de nuestros recursos personales para salir del atolladero.

La compañía de la familia, el apoyo de los amigos y en ocasiones un buen psicoterapeuta nos ayudarán a rescatar la resiliencia y poner en marcha las estrategias que hemos desarrollado para afrontar la adversidad.

Es importante entonces diferenciar cuándo estamos tristes y cuándo deprimidos y orientar nuestro quehacer en el sentido correcto para afrontarlo.

De cualquier manera, lo importante es recordar siempre que somos un ser integral y que ante cualquier dificultad, debemos echar mano de todos los recursos que tenemos a nuestro alcance para resolverla.

Recuerda siempre que es mejor potenciar la salud que curar la enfermedad, prefiere un camino saludable, simple y natural.

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