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Pongamos en la piel sólo aquello que pondrías en tu boca

Suena el despertador, saltamos de la cama corriendo a la ducha, luego un café apurado y a correr a la rutina diaria, cualquiera sea. La necesidad de ser productivos, el terminar las tareas a tiempo, la cantidad de trámites a realizar cada día, han hecho que dejemos a un lado la pausa para comer con calma y degustar lo que ingerimos, mucho menos pensar en la cantidad de gérmenes que se adhieren a la piel, respiramos o simplemente traemos sobre la ropa.

Productividad

Y entonces, nos detuvimos.

Como todo en la vida es equilibrio, la naturaleza se encargó de regalarnos la solución del tamaño del problema: entramos en una pandemia que ha obligado a todo el planeta a hacer un alto y a mirar los pequeños detalles que hacen de la vida un transitar más saludable.

El temor al contagio y a la muerte, al dolor de la ausencia de los seres queridos; la 

 realidad del confinamiento y limitaciones de movilidad, la dificultad de encontrar las cosas a las que estábamos acostumbrados; la pérdida del trabajo, la necesidad de pasar más tiempo en casa con la familia… todos estos cambios que llegaron de forma abrupta, fueron un golpe que nos han hecho prestar más atención a las cosas sencillas, habituales y darle un giro a la locura en la que estuvimos inmersos por tanto tiempo.

Recordando lo básico.

De un día para otro nos dijeron que había que lavarse las manos frecuentemente, con agua y jabón, bañarse al regresar de la calle, desinfectar todo aquello que ingrese al hogar, y lo peor de todo: ¡usar mascarilla! 

La pregunta es ¿no nos enseñaron eso cuando éramos niños?, ¿en qué momento olvidamos las medidas higiénicas más comunes?

De nuevo: parte de la prisa del diario vivir olvidamos las cosas más simples.

Pero no sólo fue necesario recuperar los hábitos higiénicos, sino también las rutinas familiares, comer juntos y hasta pelear en familia.

Lavado de Manos

Apreciar el sol tras la tormenta.

Todo ocurre para mejor, decían los viejos. Y es que los sistemas naturales, y los humanos entre ellos, se sacuden de vez en cuando para lograr un equilibrio.

Estábamos acostumbrados a pasar por el supermercado, la farmacia o las perfumerías y comprar los productos que promociona la publicidad, los más económicos, recomendados por amigos o simplemente el primero que salta a la vista. Igual hacíamos con los alimentos.

Esta pandemia ha obligado a una buena parte de las personas a meditar en este estilo de vida atropellado. Muchos comenzaron a preparar sus alimentos en casa y no comprarlos en la calle por temor al contagio. 

Otros, al quedarse sin los productos de higiene habituales iniciaron la búsqueda del aprendizaje para la elaboración en casa de lo necesario para la limpieza diaria.

No es pequeño el colectivo que ha hecho una reflexión profunda de la filosofía del vivir, generando cambios de paradigmas desde el hogar.

A estas alturas de la revolución sanitaria surge una pregunta: ¿con qué nos quedamos, con lo natural o lo industrial?

De cada uno depende que la velocidad del día a día no nos vuelva a sumergir en una carrera ciega contra el tiempo, y nos olvidemos de los pequeños o grandes logros alcanzados a favor de nuestra salud integral.

Higiene con prudencia.

Las enfermedades dermatológicas han presentado un incremento durante este período de contingencia sanitaria. En parte por el estrés y en parte por el lavado frecuente y exagerado de manos, además del uso indiscriminado de químicos para evitar el contagio.

Es importante recordar que la piel está formada, en gran parte, por agua y lípidos (grasas). El lavado con sustancias abrasivas altera su capa grasa y la deshidrata, favoreciendo la aparición de lesiones. 

Lavar: si. Castigar: no. Utiliza un jabón adecuado, preferiblemente natural, libre de componentes químicos. Hidrata adecuadamente la piel, ojalá con aceites vegetales e hidrolatos que son semejantes al tejido normal y restaura su estructura natural.

Evita aplicar en tu piel muchos productos, sobre todo aquellos que ofrecen “el oro y el moro”. Ya la madre naturaleza nos ha dado lo que nuestro cuerpo requiere; agregar sintéticos no favorecerá la salud mejor que lo que ofrecen los regalos vegetales que se encuentran naturalmente.

¡No pongas en la piel lo que nunca comerías!

Por último recuerda que siempre es mejor lo simple y natural.

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