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Nacimos en el corazón de la Cordillera de los Andes Venezolanos

Somos las dos hermanas mayores de una tropa de 7 hermanos, con dos divorcios y una revolución nos llevaron a reencontrarnos en Tomé, Chile. ¡Casi en el fin de la Tierra! Y si algo hace el destierro, voluntario o no, es ponernos melancólicas.  

Reunirnos nos hizo recordar los postres de las tías, los remedios de la abuela y los cuentos de mamá; los olivos de la tierra de papá y los aromas de las hierbitas y flores que siempre estuvieron en el solar de la casa de la infancia.  

La partida de mamá nos dejó con una tristeza inabarcable y mucho tiempo entre las manos; queríamos inventar algo que nos llenara el corazón y nos permitiera cerrar la vida haciendo algo que nos apasione. 

Fue entonces cuando, en medio de una pandemia, nos vimos encerradas en casa buscando el camino para una nueva etapa, esa a la que tanto miedo tenemos, cuando nos damos cuenta de que estamos a un paso de ser nosotras las abuelas del hogar.  

Empezamos a estudiar como si fuéramos otra vez las niñas que compartíamos habitación en la casa inmensa de papá. Descubrimos olores, esencias y bondades de cada una de las plantas de nuestro jardín y decidimos transformarlos en un producto simple, natural y que tuviera raíces en nuestros orígenes.