fbpx

Hablemos del Sueño

“Acostarse temprano y levantarse temprano, hacen a un hombre sano, rico y sabio” Benjamin Franklin.

Parece mentira que una actividad tan natural como dormir pueda convertirse en un problema en nuestros días. Y es que el ritmo acelerado del diario vivir nos ha convertido en esclavos de la producción y olvidamos lo habitual: dormir bien, alimentarse sanamente, y divertirnos

En pocas palabras nos hemos olvidado de nuestra salud. Con frecuencia nos levantamos cansados, desanimados, torpes, como si no hubiéramos descansado a pesar de haber dormido y con un montón de tareas por hacer. Es por ello que surgen tantas preguntas con respecto al sueño.

¿Por qué perdemos el tiempo durmiendo?

El sueño es una conducta que adquirimos con la evolución. Dormimos para ahorrar la energía que necesitamos durante el día para trabajar, alimentarnos, divertirnos. En los primeros tiempos de la historia, nuestros antepasados dormían de noche y durante el día salían en busca del alimento que necesitaban para aportar energía al cuerpo, igual que todos los demás seres vivos. 

Los humanos somos seres diurnos, es decir, nuestra conducta está controlada por un ritmo de actividad diurna y sueño nocturno,  por lo tanto nuestras conductas varían entre el día y la noche, 

al igual que el funcionamiento del cuerpo.

Esa es la razón por la que el rendimiento físico e intelectual son diferentes en períodos diurnos y nocturnos, por lo que no comemos los mismos alimentos al desayuno que a la cena, ni los medicamentos se administran indistintamente de día o de noche. Nuestro cuerpo responde y funciona diferente en las diversas horas del día. 

Incluso el estado de ánimo y otras funciones cerebrales son distintas en la mañana o en la noche.

“Yo duermo 3 horas cada noche y me basta…”

Las horas de sueño varían de una persona a otra. Generalmente, un adulto duerme entre 7 y 8 horas al día, sin embargo, algunas personas requieren más y otras menos horas. Hay quienes hacen siestas largas y otros que, con pestañear unos minutos en el metro ya se sienten descansados.

Al momento del nacimiento podemos dormir hasta 16 horas al día, y a medida que envejecemos requerimos menos horas de sueño para descansar. 

Si bien el sueño -así como todas las actividades naturales- es individual y depende de la genética, costumbres, culturas y entorno social, nos queda claro que el sueño es una función natural e imprescindible del organismo para funcionar y por lo tanto requiere nuestra atención para mantener la salud. 

¿Qué pasa entonces, si no duermo suficiente?

En principio, no sucede nada. El problema no está en no dormir una noche o alterar el patrón de sueño una o dos veces al mes, el punto es el desorden constante de nuestros hábitos al dormir. 

Nuestro cerebro está programado para disminuir las funciones motoras y perceptivas al caer la noche, por lo tanto, si retrasamos el horario para dormir, nuestro cuerpo se adaptará y entraremos en un círculo vicioso, donde todas nuestras actividades se retrasarán y aparecerán síntomas propios de la llamada deuda de sueño.

Cuando el sueño no es suficiente y reparador comienzan a aparecer síntomas como cansancio, fatiga, distraibilidad, bajo rendimiento físico e intelectual, irritabilidad, torpeza motora, ansiedad y finalmente depresión, por nombrar lo que nos resulte más familiar.

Pero no basta dormir, sino dormir bien. Entonces, debemos prepararnos para ello. Los rituales de sueño son muy importantes, cuidar un lugar confortable para el descanso, sin luces ni ruidos molestos, garantizar una temperatura agradable.

Evitar actividades excitatorias previas a la hora de dormir, especialmente con los más chicos de la casa, como ver la televisión, escuchar música intensa, juegos muy activos, peleas o discusiones que perturben nuestro descanso posterior. De igual manera debemos evitar comidas abundantes y especiadas antes de ir a dormir.

Establecer hábitos, rutinas o rituales de sueño prepararán el cuerpo y la mente al descanso. Un baño relajante, una infusión herbal, aromatizar la habitación con un difusor de aceites esenciales que propicien un descanso confortable, son tan sólo algunas ideas.

¿Y tú? ¿Cómo cuidas tu sueño?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *