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Hablemos de Salud Mental

Es difícil pasar un día sin escuchar alguna noticia o leer un artículo referido a la Salud Mental. Que si se ha deteriorado, que si está en emergencia, que si la hemos olvidado, que estamos todos locos. Pero pocas veces nos detenemos a pensar,         ¿ Qué es la salud mental?

Por definición es el “completo estado de bienestar mental”. Ahora bien, la pregunta es ¿Quién puede estar en completo bienestar mental? Quizás deberíamos ser un poco más profundos a la hora de pensar la Salud Mental.

Históricamente, la salud mental y la espiritualidad parecían ser una sola cosa. Estaba “bien de la cabeza” aquel que estaba en perfecta comunicación con la divinidad y obraba de acuerdo con sus preceptos. Pero al igual que el ser humano, este concepto ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.

Hoy día podemos agregar muchas aristas a la salud mental, es necesario un cuerpo sin dolencias y funcional, un trabajo satisfactorio, un grupo familiar que nos apoye y sostenga, y un grado de satisfacción personal que despierte la alegría dentro de nosotros y permita que la compartamos con el entorno.

¿Será que estoy enloqueciendo?

La salud mental siempre se ha relacionado con la locura, y quizás por eso todos tenemos un poco de alergia al tema. Hablar de psicólogos o psiquiatras es pensar en un manicomio, batas blancas con jeringas en la mano persiguiendo a un pobre humano con los pelos de punta y camisas de fuerza. ¡Nada más distante de la realidad!

No es infrecuente que lleguen a la consulta del psiquiatra personas agobiadas por el día a día, con fuerte sensación de angustia y al terminar el relato surge la pregunta infaltable: “Dr. será que ¿me estoy volviendo loco?”

La realidad es que el malestar y la locura no son sinónimos.

Desestigmatizar la salud mental ha sido un arduo trabajo y aún el día de hoy, no está muy claro qué es, de dónde viene ni cómo la conseguimos. Hay mucha confusión incluso respecto al ámbito de desempeño de Psiquiatras y Psicólogos: consejeros, orientadores, prescriptores de medicamentos o extendedores de reposos médicos. Lo cierto es que nada está muy claro aún sobre lo que alberga este mundo misterioso ni cómo acceder a él.

¿Se nace o se hace?

Todos traemos una carga genética: “genio y figura, hasta la sepultura”. En nuestro ADN está escrito desde el color de los ojos y el pelo hasta el riesgo de enfermar. Pero, léase bien: ¡el riesgo de enfermar! 

Pero tampoco somos una “tabla rasa”, que el ambiente hace de nosotros lo que sea. Somos una mezcla de lo que traemos y las experiencias que vivimos. Y el mundo psicológico de cada uno es también el resultado de esta interacción.

Experiencias físicas, emocionales y estímulos psicológicos van incidiendo paulatinamente en nuestra personalidad. Vamos incorporando de a poco desde el lenguaje, gestos, expresiones y conductas para adaptarnos al medio ambiente en el que nos desenvolvemos.

La salud mental abarca mucho más

Es importante partir por la satisfacción de las necesidades básicas. Debemos comer, sentirnos seguros, tener abrigo y confort físico, educación. Amor con hambre no dura dice el refrán.

La presencia de personas que sean un soporte emocional, una familia que garantice el fortalecimiento de vínculos y alimente la seguridad en sí mismo, que estimule la comunicación afectiva. Son elementos vitales en la salud mental.

 Un entorno social seguro, no agresivo, que permita la expansión de los vínculos sociales, la interacción con los otros y  la exploración de nuevas estrategias de comunicación va a estimular en gran medida la creatividad.

Un trabajo estable y satisfactorio, que permita el desarrollo de habilidades y sea una fuente de retroalimentación no sólo económica. Que facilite la proyección del individuo como persona realizada y no como una pieza generadora de riqueza en el ensamblaje productivo de dinero. 

Rutinas satisfactorias de descanso, de expansión y diversión. Espacios y tiempos lúdicos que contacten el niño interior con la simpleza de sonreír y ser feliz.

No es tan complicado como parece

Sobre todo cuando leemos las noticias y sentimos un mundo amenazante, la salud mental se nos escapa entre los dedos. Pero haciendo pequeños cambios en las rutinas cotidianas veremos que es muy fácil emprender el camino. 

Comencemos por la promoción, hagamos una lista de las pequeñas cosas que nos hacen felices, que nos brindan satisfacción cada día. Intentemos que no sean más de 5 y las convertimos en tareas obligadas.



Promocionar la salud mental es evitar enfermar, es sentirnos más felices, más seguros. Son tareas muy pequeñas que no requieren gran esfuerzo: dormir una hora más, leer una página de un libro cada día, una caminata matutina, hacer yoga cada tarde, un café con amigos, ver una película a la semana, jugar ajedrez con mi hijo…

Cuéntanos, ¿Cómo comenzarías a promover tu salud mental?

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