fbpx

¿Comer o Alimentarse?

“Hagan de la mesa un altar en el que lo limpio y lo inocente, el mar y la pradera, sean sacrificado a lo más limpio e inocente que hay en ustedes…” Khalil Gibran.

Ayuno intermitente, dieta keto, mediterránea, paleo, proteica, detox, hipocalórica, alcalina, vegetariana, vegana y paren de contar… Una vuelta a la web, a las librerías o a los kioscos de revistas y encontraremos muchas alternativas para nuestra alimentación. Todas promueven pérdida del exceso de peso, un cuerpo atlético y saludable, ausencia de enfermedades o curas milagrosas.

Pero, ¿Cómo debemos alimentarnos realmente?

Un poco de historia

El hombre primitivo era un atleta de alto rendimiento, nómada, se movía al ritmo del clima y de la disponibilidad de alimentos. Cazaba y recolectaba lo que la naturaleza le proporcionaba para mantener la energía necesaria para su transitar exploratorio por el planeta.

Al cambiar sus hábitos y volverse sedentario, comenzó el cultivo y la cría de animales. Junto con la evolución de sus habilidades, comenzó a conformar grupos humanos que posteriormente se convirtieron en ciudades. Con ello, vino el cambio de los hábitos alimentarios. Tenemos registros históricos de recomendaciones dietéticas para mejorar padecimientos desde hace siglos, llegando incluso a los griegos.

Resulta interesante la relación entre el surgimiento de las ciudades, el cambio de alimentación y surgimiento de enfermedades.

En la Edad Media y hasta después del Renacimiento, se pusieron en evidencia las diferencias entre los habitantes de las ciudades y del campo, siendo mejor la salud y la alimentación de los campesinos que la de los citadinos; incluso éstos últimos, en temporadas de hambruna, se trasladaban a las zonas aledañas a las ciudades en busca de mejor alimentación y evitar pestes y enfermedades.

Poco cambió hasta la modernidad.

En el último siglo, la velocidad de cambio ha sido mucho mayor. Las grandes urbes, la vida agitada, el surgimiento de la comida rápida (fast food) y la comida preparada para llevar (take away), junto con el sedentarismo y el estrés sostenido fomentaron el incremento de enfermedades graves y persistentes con las que luchamos hoy día como la obesidad, diabetes y las cardiovasculares.

La comida: una preocupación​

¿Has pensado alguna vez, cuántas horas diarias dedicas a comprar ingredientes, preparar comidas, mirar recetas o tutoriales? ¿Cuánto tiempo empleamos planificando la compra del supermercado, en un café, comprando pasteles o postres? o simplemente ¿Cuánto tiempo del día pasas comiendo?

La primera acción del recién nacido después de respirar y llorar es comer, así que podemos imaginar lo importante que es para la vida la ingestión de alimentos. Y es que ninguna máquina funciona sin energía, y nuestro cuerpo es una máquina perfecta que repone combustible transformando los alimentos en sustancias aprovechables para funcionar.

Así como no imaginamos a un bebé comiendo un jugoso bistec de carne asado ni a una bella dama de 50 años tomando un biberón para ir a dormir, podemos deducir que cada organismo, y en cada momento de la vida tiene diferentes requerimientos energéticos y diversas formas para aprovecharlos y funcionar adecuadamente.

Una necesidad básica como es alimentarse, puede convertirse en una enfermedad cuando nos obsesionamos con ¿Qué comemos?, ¿Cuánto comemos?, ¿Cómo comemos?. Y como todo en exceso, siempre hace daño, comer más o menos de lo necesario, puede dañar nuestra salud. ¡De eso, nos da cuenta la historia!

¿Cuál es entonces la dieta saludable?

Muchas veces hemos comentado que nuestro cuerpo es una máquina perfecta, por lo tanto requiere 3 cosas para su funcionamiento: ingreso de energía combustible (alimentos), sistema conversor de combustible en trabajo (sistema metabólico) y funcionamiento de la máquina (caminar, respirar, pensar).

Si la ingesta de alimentos es mayor a la actividad que realizamos para gastar la energía producida, obviamente acumularemos esos alimentos como grasas para su uso posterior. Si la ingesta energética es menor que el gasto, por supuesto que nuestro rendimiento será muy bajo.

Vemos entonces que la obesidad, está relacionada con una gran ingesta de alimentos o de gran contenido calórico, un metabolismo lento y un bajo gasto de energía. Lo que trae asociado enfermedades como diabetes y cardiovasculares, entre otras complicaciones.

De igual forma, el cansancio excesivo, la fatiga, los problemas de aprendizaje y la desmotivación, con frecuencia se relacionan con una ingesta deficiente de alimentos o dietas no balanceadas. Además pueden estar presentes  alteraciones metabólicas, por ejemplo mal funcionamiento de la tiroides. 

El ser humano es omnívoro, es decir, está capacitado para ingerir alimentos de todo tipo. Por lo tanto, requiere proteínas, grasas y azúcares de forma balanceada para garantizar un buen aporte de energía. Lo importante es evaluar las condiciones de base en las que nuestro cuerpo se encuentra para darle los aportes necesarios y mantenernos saludables.

Y como en la variedad está el gusto, pues podemos recrear nuestro olfato y paladar, además de estimular la creatividad, preparando los alimentos de diversas formas, pero teniendo en cuenta lo que necesitamos para cuidar la salud.

Entonces, comer es importante, pero cuánto y cómo también lo es… ¿te animas a evaluar tu alimentación y a hacer cambios saludables?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *