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¿Ataque de Nervios?

“Un agüita de manzanilla o tilo mijita, y se le pasa enseguida”

Si hurgamos en la memoria nos toparemos con los recuerdos de la abuela, que nos ofrecían infusiones de manzanilla o tilo cuando nos aquejaba un dolor de estómago antes de ir al colegio o a la cama en las noches. Es que ellas guardaban los secretos ancestrales del valor de la naturaleza para entender y calmar todos los males.

Nuevos términos para antiguos saberes

Culturalmente, la expresión “ataque de nervios” es común en iberoamérica y describe crisis de agitación, llanto, gritos, agresión y desesperación que a veces es seguida por alteraciones de memoria. 

Generalmente se acompaña de dolor en el pecho o alguna otra afección física, sensación de muerte, dificultad para respirar, sudoración, temblores, náuseas, parálisis, miedo a volverse loco o sensación de despersonalización.

Es común que el inicio sea abrupto y la duración muy corta, pero luego queda el temor de que se presente de nuevo, lo que obliga a la persona afectada a limitar sus actividades y asegurarse de recibir siempre el auxilio requerido, en caso de que se presente de nuevo.

Los “ataques de nervios” se le atribuyen, en su mayoría, a mujeres en edad media de la vida. Extrañamente antes de la adolescencia o después de los 50 años. Con frecuencia suelen presentarse después de algún evento traumático, un estrés sostenido y muchas veces sin desencadenantes aparentes.

Dependiendo de las diversas comunidades en las que se han descrito, existe siempre “un remedio” para estos ataques o simplemente se les atribuye algún significado místico que explique su origen.

¿Ataque de nervios, pánico
o fobias?

En la tradición, todo aquello que se refiere a “angustia” es llamado “ataque de nervios” y antes de que en la medicina comenzáramos con las clasificaciones de las enfermedades, se abordaban de forma bastante similar.

Hoy en día, hay todo un capítulo referido a los Trastornos de Ansiedad y están separados de los Trastornos Depresivos, y aunque hay muchos lugares comunes en los tratamientos de ambos, nos gusta establecer diferencias.

Ataque de Pánico

Se llaman así a las crisis de ansiedad episódica, sin desencadenantes aparentes, que aparecen de preferencia en horas de la noche despertando a la persona y se acompañan de una angustia grave, con sudoración, palpitaciones, sensación de opresión en el pecho y ahogo, temor a morir, deseos de escapar del lugar donde se encuentra y miedo a enloquecer o perder el control. Generalmente duran algunos minutos, pero con el tiempo, se alarga su duración.

Es importante resaltar que no existe un gatillante de los síntomas: aparecen de forma espontánea. El punto es el temor a que vuelva un ataque de pánico. 

Cuando se presentan al menos 3 ataques en el lapso de un mes, entonces ya hablamos de una enfermedad y es necesario consultar un especialista. Ya veremos por qué.

¿Son peligrosos los ataques de pánico?

El problema con este tipo de crisis de ansiedad es que al incrementarse su frecuencia y severidad, la persona comienza a presentar comportamientos para prevenir riesgos y no ponerse en peligro de sufrir nuevos ataques, lo que va limitando la autonomía del individuo.

No todas las personas que sufren un Ataque de Pánico presentan la enfermedad, algunas veces se presenta un solo episodio y nunca más tienen la terrible experiencia. Todo depende de la susceptibilidad de cada individuo. 

En el caso de las personas que presentan Ataques de Pánico, el riesgo es que se hagan más frecuentes y graves las crisis y aparezcan otro tipo de trastornos de ansiedad como Fobias, Ansiedad Generalizada, Ansiedad mixta o Somatización y el tratamiento sea más complejo.

Alternativas para abordar la ansiedad y los ataques de pánico

Hoy en día hay muchas recomendaciones y tratamientos para abordar la ansiedad. Lo importante es saber diferenciar qué hacer en cada situación.

Insistimos en que siempre es mejor “prevenir que curar”, por lo tanto, promover un estilo de vida saludable, aunque parezca muy cuesta arriba en nuestros días, es el primer paso.

De cualquier manera, cuando nos aborde la ansiedad, es importante buscar herramientas que tengamos a mano y que potencien nuestra capacidad de resiliencia para salir de ella: caminar, leer, escuchar música, hacer ejercicios suaves como yoga, Taichi, Chi Kung, respirar profundamente, meditar, utilizar aceites esenciales (indicados por algún profesional), prepararnos una infusión calmante (la manzanilla, menta, tilo de la abuelita)…

Si la ansiedad persiste y limita tu cotidiano desenvolvimiento, visita un especialista para que te evalúe e indique el tratamiento adecuado, que siempre irá de la mano de una intervención psicoterapéutica. El abordaje de las enfermedades mentales, nunca son farmacológicas solamente, siempre vas a necesitar una buena psicoterapia para garantizar tu recuperación.

Recuerda que todo lo que puedas hacer en la búsqueda de una Salud Integral es el mejor camino para la prevención de enfermedades.

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